miércoles, 8 de abril de 2020

No es un momento fácil el que nos ha tocado vivir, todo iba tan rápido, cada quien enfocado en lo suyo, sus proyectos, buscando el progreso de una manera u otra, pero nos pusieron un STOP, paren por favor, hay un virus circulando que está colocando en riesgo la salud y la vida a nivel mundial, en toda la tierra donde habita el ser humano.

¿Es en serio? Si, es en serio, todos debemos parar, inconscientes o conscientes, debemos bajarle al acelere y quedarnos quietos, no lo esperábamos, no lo vimos venir, nunca nos pasó por la cabeza algo así, pero este es el Momento de la Historia que nos tocó VIVIR, a algunos ya se los llevó, algunos ya no lo están viviendo, el Virus se los ha llevado.

Cada persona lo ha llevado a su manera, lo pongo ahora en mi terreno, en el contexto de mi Cali (Valle), mi ciudad.  Una ciudad actualmente calmada, las veces que he salido, son pocos los carros circulando, la mayoría de las cortinas de los negocios cerradas, los buses del transporte masivo casi vacíos, hay soledad, silencio. Cali por lo general es una ciudad bulliciosa, en los negocios ponen música casi todo el dia (toda clase de música), se pueden escuchar los parlantes y alguien con un micrófono anunciando los productos o servicios que tiene a la venta; Hay mucho ambiente, yo casi nunca pito cuando conduzco, pero si hay mucha gente que lo hace, somos impacientes, los motociclistas se atraviesan, los conductores de carros en muchas ocasiones no dan vía, algunos se pasan los semáforos, vamos de afán, muchos trancones, nos están esperando, debemos cumplir con algo y así pasaban los días, todo esto antes del virus.

Yo soy una persona de mucha fe, convencida siempre que Dios está en medio de todas las cosas y que saldremos de ésta así como hemos salido de otras en el pasado. Sin embargo hay incertidumbre, preguntas sin respuestas, gente pasándola realmente mal, incluso violando el aislamiento, pero aún así, por más que algunos no cumplan con las disposiciones del gobierno, salen y no encuentran la ciudad a la que veníamos acostumbrados, no hay acceso a los mismos recursos, no hay niños saliendo de la escuela, estudiantes saliendo de clases universitarias, no están los grupos que salen del trabajo a sus casas, no hay centros comerciales abiertos, ni restaurantes, discotecas, cafeterias, heladerias, choladerias, concesionarios, talleres, peluquerías, en fin; no hay nada de lo que acostumbramos ver.

Ahora nos queda esperar, no sabemos qué esperar, no sabemos cómo se va a controlar la pandemia, pero en mi caso, esperar en Dios, que es el que controla todo en mi vida y creer que los tiempos que vienen son mejores de lo que alcanzamos a imaginar.


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No es un momento fácil el que nos ha tocado vivir, todo iba tan rápido, cada quien enfocado en lo suyo, sus proyectos, buscando el progreso...